lunes, 13 de febrero de 2012

Mi Gabrielito...


Hoy es 13 de febrero (2012) y miro con asombro cuánto has crecido hijo mío. Te veo concreto, tangible, abrazable, besable… sueño hecho real y me quedo como boba con la mirada ida en el amor que me inunda y me deja medio ciega. Allí estás paradito en tu corral, parado sosteniéndote sólo de un cable que desde hace un mes se te antoja como juguete preferido. Lo increíble es que no te das cuenta que te has parado solo por primera vez y que el cable no te sostiene sino que tú eres quien lo sostienes a él. Creo que este asunto es el mismo que filosóficamente se relaciona con el concepto de libertad y dependencia. No sé, se me ocurre la idea, pero ahora no importa reflexionar sino mirarte, ver cómo haces tu mundo posible y lleno de magia, una magia que se rompe cuando pierdes el equilibrio y caes sentado sobre el pianito y comienza a sonar la música y ya no importa el cable sino apretar las teclas y luego a pararse de nuevo, pero ahora sobre el piano con eso te haces más alto y tocas con cada saltito una nota diferente. Sigo mirándote y me sonrío del momento y de las imágenes que guardaré como toda madre que sostiene el tiempo para siempre.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Niño pelúo


Tengo días sin escribir en este blog porque las ocupaciones de ser nuevamente madre de un niño nuevecito de paquete y el trabajo me dejan sin espacio y cuando lo tengo sólo quiero leer, sentir que estoy conectada con lo que está pasando en el mundo, ver televisión y abrazar a mi bebé. Pero he sacado el tiempo porque este evento lo merece:

Mi hijo mayor tiene 11 años y está en el proceso de la adolescencia. Ya le dio por retarme, preguntar mil veces sobre el porqué no puede hacer tal o cual cosa y tiene actitudes de chico “adulto”, está declarado, él se quiere sentir todo un adulto. Más allá de sus arrebatos sé que será un buen muchacho y que esto se le pasará. Sólo espero que no le dure mucho tiempo.

De ese querer ser grande viene el suceso a contar, pero que deriva de una serie de acontecimientos anteriores.

El día que Luis vio a su hermanito se asombró de que éste tenía el cabello negro muy abundante y vello en los brazos y piernas, algo que difiere absolutamente de él que es más bien rubiecito y lampiño. Días después dijo que quería teñirse el cabello para parecerse a su hermano, pero no es una idea que le surgió por querer volver a ser bebé o por llamar la atención. Su asunto venía de un anhelo manifestado desde hace un año más o menos. Él quiere tener pelo corporal.

El año escolar pasado llegó un día de la escuela y me llenó de susto con los gritos de ¡mamáááááá!. Luego de calmarle la emoción para que me pudiera decir lo que le pasaba me dice: ¡Mamá, tengo vello cúbico! Jajajajaja Se imaginarán la enorme carcajada que lancé, si es que las carcajadas tienen tamaño. No podía dejar de reírme y él con cara de molesto me miraba hasta que me dijo: ¡Viste como eres, ya te estás burlando de mí! Traté de explicarle el por qué me reía y le pregunté cómo sabía que tenía vello púbico. Según él, se había visto en el baño de la escuela un pelito chiquitico entre amarillo y blanco. Otra carcajada y olvido el asunto.

Luego vino con el cuento, ese fue seguido y durante varios días, de que tenía pelo en las axilas. Me decía que lo viera y pretendía que agarrara una lupa, porque yo no veía nada. Al paso de uno o dos meses se comenzó a ver los bigotes. Ese fue un tema que se convirtió en permanente y que le dio trabajo por varios meses. Con eso era más difícil sacarlo de su loca terquedad porque, como todo el mundo, sí tenía vello sobre el labio superior, el asunto es que él insistía que eran bigotes. Mi esposo y yo le explicábamos incansablemente que tener bigotes es una molestia, que debe afeitarse a diario y todo el blablabla respectivo, pero él nada. Él tenía bigotes y nadie podía convencerlo de lo contrario. Fue por esto que un día voy al baño y al tomar una afeitadora para rasurarme me doy cuenta de que estaba cubierta con una pelusita amarilla clara. Como buena mamá supe que el carajito se había afeitado. Cuando salí del baño le llovieron todas las posibilidades de que le pudiera pasar algo, el discurso de la falta de respeto por usar mis cosas y su sentencia de posible muerte en mis manos. Él, como adolescente tonto, sólo me dijo: ¡ah, viste que sí tengo bigotes!

Después del incidente del baño sus ideas locas de querer pelo parecían olvidadas hasta el nacimiento de su hermano. Yo, como buena madre pincha sueños no quiero que se haga falsas ilusiones. Su padre biológico es de poco pelo corporal, mis hermanos también y su futuro está signado también por la escasez de pelo. Se lo digo muchas veces, pero él ve a su hermanito, al que tuve que afeitarle las patillas a los siete días de nacido porque parecía Simón Bolívar y creo que de alguna manera eso le da envidia. Pero lo que Luis aún no comprende es que su hermanito tiene un padre con mucho vello corporal y lo lógico es que haya nacido con una disposición genética que él no posee y anhela.

Bueno, el asunto es que ayer le corté el cabello porque lo tenía tan largo que si no se echaba gelatina parecía tener incorporado un casco de bicicleta. Lo dejé barriendo el cabello y fui a hacer otra cosa, cuál fue mi sorpresa que el niño me llama: ¡Mamá, ven a ver algo! Y cuando llego a la habitación me encuentro con que el señorito se había pegado -con el gel de afeitar de mi esposo- todo el cabello en el pecho flacucho en el que se le ven las costillas. Me reí a carcajadas hasta que me dolió el estómago. Entonces mi esposo sale de nuestra habitación y él se voltea y se le cayó el pelero jajajajajajajaja. Se pone las manos en la cintura como Superman y le dice: ¡Ve papi, me salió pelo, tu pronóstico de que seré lampiño no se cumplió!
Risas y más risas. Le tomé una foto con mi celular, pero se movía tanto y se tapaba que no salió buena, pero parecía que tenía barba en el pecho, porque se la pegó justo en el centro.
¡Cosas de niño! Algún día odiará tener bigote, ese día le voy a dar esto para que lo lea y también me voy a reír de él.

sábado, 26 de junio de 2010

¿Una madre ladrona...?

La señora Adela, quien vive en planta baja, le dio a mi hijo dos grandes puñados de ciruelas silvestres. De ésas que mancharon casi toda mi la ropa cuando era niña y que cuando maduran son amarillas y jugosas. Ésas que compiten con el sabor del Jobito (ésa insignificante frutica que nace de un árbol siempre inmenso, que madura e inunda de olor dulce el campo y que siempre hay que recogerlo del suelo porque nadie quiere montarse en un árbol cuyo fruto se encuentra disperso y que promete una caída con huesos rotos incluidos… ¡Ah!, el Jobito, lástima que todos los que he comido en mi vida han estado golpeados por el viento, comidos por pájaros o rotos a causa de los palitos que se le encastran en su delicada y fina piel cuando caen de ¡semejante arbolote! ¡Se me olvidaba!, iba por las ciruelas silvestres. La señora Adela le regaló unas ciruelas verdes a mi hijo, quien, como pudo, las trajo apretadas contra su pecho para poder subir los tres pisos del edificio y llegar a nuestro apartamento sin dejar caer ninguna.

Las lavó y las colocó en recipiente para ponerlas a madurar. Allí, en su cuarto, las dejó hasta hoy que las vi maduritas y jugosas. Igualitas a las de la mata del patio de mi abuela. Creo que los ojos me saltaron de su órbita de la emoción que sentí al verlas, no pensé que madurarían tan bonito, me las había imaginado en la basura, podridas o por lo menos incomibles. Y allí estaban sonriéndome. Me llamaban: ¡Carmen, cómeme…! Y qué podía hacer sino sacrificarme con dignidad saboreándolas con ansiedad y placer.

Ahora no sé qué le diré cuando se dé cuenta de que desaparecieron más de la mitad ¿Por qué los fantasmas no existirán de verdad?

domingo, 22 de noviembre de 2009

Educando... mejor, respondiendo preguntas


- ¿Mamá, sabes una cosa?
- ¿Qué debo saber Luis?
- Tres de las niñas de mi salón ya tienen la menstruación. ¿Eso duele mami?
Silencio… traga saliva y piensa rápido una respuesta no traumática y real.
- ¿Hijo, tu has visto que a veces yo salgo corriendo porque me baja sangre y debo ir al baño urgente para no mancharme?
- Sí… ¿Eso es la menstruación?
- Sí, y cuando las niñas se comienzan a transformar en mujeres les baja sangre por la vagina. Eso indica que desde ese momento pueden quedar embarazadas. ¡ASÍ QUE TEN CUIDADO Y NI SE TE OCURRA INVENTAR A HACER COSAS SEXUALES CON ALGUNA NIÑA!!, porque ¡tú estás muy chiquito para eso!
- ¿Ah, y ellas entonces pueden tener hijos?
- Sí, no te recuerdas la noticia que estaban pasando el otro día por televisión. Ésa del niño que embarazó a su novia en Inglaterra. ¡Ve a ver muchacho!
- Mami y si yo tengo un hijo… ¿tú aceptarías un sobrinito aquí?
- Jajajajajajajaja… Qué sobrino y qué ochos cuartos Luis Eduardo, eso sería un nieto. ¡Ve a ver muchacho! Yo estoy muy joven para tener nietos y tú demasiado chiquito para pensar en esas cosas. ¡Cuídate! ¡Cuando seas un adulto sabes que debes usar condón! ¡Ah, bueno! ya yo te expliqué eso una vez Luis, no me salgas con vainas raras después.
Luis me mira con cara extraña y me pregunto si estaré siendo muy ruda. Entonces me pregunta:
- ¿Mami, cómo es el condón?
- Es una cosa de goma como el envoltorio de una salchicha que se ponen los hombres para no tener contacto con la vagina de la mujer y dejar la leche de la vida allí y no echarla adentro de la mujer. Así no la embarazan y ¡todos felices como unas perdices!
- Ay, sí mami, pero no entiendo, explícame mejor cómo es eso. Dónde lo compro.
- Bueno, Luis…!! Primero: lo compras en la farmacia. Los hay de colores, sabores, texturas diversas, con lubricación, sin lubricación…
- ¡CON SABORES MAMIIIIII!!! Y… ¿PARA QUÉ ES ESO?
Uy, tremendo lío en el que me metí, por qué se le ocurre llenarme de preguntas a esa hora, yo con sueño y sin mente para construir explicaciones sensatas.
- Bueno hijo, es que hay una cosa que se llama sexo oral. Otro día te explico mejor eso, pero el asunto es que a la novia o esposa le puede provocar jugar con el pene tuyo y si te has puesto el condón a ella le va a saber a uva o a fresa, según el sabor que hayas comprado.
Jajajajajajajaja, Dios, ¿qué puedo decir para no derramar agua?
- Ah, ya entiendo… y ¿Cómo es eso de la lubricación?
- ¡Luis, por favor, son las nueve de la noche y mañana tienes clase hijo!
- Anda mami, cuéntame. ¿Tú no eres mi mamá, pues?
- Bueno, ponte el pijama que ya vengo.
Fui a mi habitación y busqué un condón:
- Luis, ve… esto es un condón.
- ¿De verdad mami?
- Sí, vienen en empaques de distintos colores. Te explico. Tú lo compras y lo llevas cuando vas a salir con tu novia. Cuando vayan a hacer cositas lo cortas.
Trato de abrirlo por la pestaña punteada que indica que por allí se debe abrir y no puedo. No veo una tijera cerca y trato de abrirlo con las manos, a lo cavernícola, y tardo porque el empaque es durísimo. Entonces le digo a Luis:
- Bueno, tienes que practicar, porque dudo que en el hotel te pongan tijeras y esto es durísimo y no vas a tener a la novia esperando media hora a que lo abras. Vas a tener que practicar antes.
Luis y yo soltamos las carcajadas y termino de abrirlo con las manos. Lo saco del empaque y le digo:
- Esto es un condón Luis. Huélelo (se lo acerco a la nariz). Tócalo (se lo doy en la mano).
Luis me mira con asombro. Tiene los ojos del tamaño de un par de patillas.
- ¿Y cómo se pone mami?
Le digo que se pone en la cabeza del pene y se corre para atrás, pero él me ve como interplanetario. Así que trato de ponérmelo en la mano, pero no estira tanto. Paseo la mirada por sus cosas y veo una colonia de niños de forma alargada. La sostengo entre mis rodillas y se lo pongo mientras voy dándole las indicaciones.
- Se pone aquí, se lleva para atrás y se desliza hasta el final.
- ¿Cual final mami?
Me pongo la colonia como si fuera mi pene y le señalo con la mano:
- Hasta aquí Luis. Debe ponerse bien porque puede quedársele adentro de la cucharita a la muchacha y todo se puede complicar. Luego lo sacas de tu pene y lo echas en la papelera.
- ¡Ah, entiendo! Cuando yo sea grande y vaya a salir con mi novia, lo compro, me lo pongo y me visto y…
- JAJAJAJAJAJAJA… ¡NOOOOOO, Luis! ¡Por Dios hijo…! Eso lo haces en el momento que ya están enamorados en la cama, con el pene duro porque sino no sirve.
- ¿Mami y como yo voy a saber cómo ponérmelo?
- Cuando seas más grande, tengas una novia, comiences a tener lechita de la vida y a cambiar la voz (como si te hubieras tragado un pollo), así como el vecino cuando comenzó a hablar entre ronco y finito, debes practicar en tu cuarto. Me dices, vamos a la farmacia y compramos varios y en tu cuarto cierras la puerta y practicas.
Él se ríe y me mira con timidez.
- Y… mami… tú me vas a dejar practicar en mi cuarto.
- Sí, hijo. Eso es normal. Todos los seres humanos deben aprender a conocer su cuerpo. ¡Ahora arrópate y a dormir!
- Sí mami, pero guárdame el condón para cuando tenga 18 años.
- Luis, será para que se te pudra de aquí hasta allá.

Un cuento viejo que no es realmente un cuento



¡Zoraida, qué nombre de adulta para una niña tan menuda y flacucha!
Decirle que su nombre era árabe y que tenía un lindo significado no tenía sentido para ella. Lo único a lo que su nombre se le parecía era a la esposa del zorro de la caperucita roja y eso no la complacía para nada.
Zoraida… también podría ser la esposa del Zorro, el valiente enmascarado que veía en la tele. Ese sí le parecia mejor.
Era tan guapo el zorro.
Ella lo veía y sentía emoción.

Ella habla sola, mantiene una conversación con su posible zorro. Es como un ensayo, porque a veces le pasa que se queda muda cuando lo ve, no sabe qué decir, le tiemblan las piernas y le sudan las manos. Ella cree que eso es lo que llaman AMOR en la radionovela que escucha al mediodía.

Cuando piensa en eso, un monstruo se le despierta en el estómago. No son maripositas, efecto de los nervios, es un animal grande, horrendo que le produce un terremoto en la barriga.

¡AMOR!
Eso es peor que lo que le dice su mamá sobre el hecho de hablar sola por horas dando vueltas alrededor del recuadro del jardín. Le dice que los que hablan solos hablan con el diablo, ella se asusta un poco y le pide mentalmente a Dios que la proteja, que la cuide y que le aleje al diablo y sigue hablando más bajito para que el diablo no la escuche, sólo Dios sabe lo que dice mientras susurra una conversación ficticia con su Zorro.

Nunca ha entendido por qué le gusta tanto hablar sola. Quizá es porque nadie la comprende.

Total, el asunto aquí es que Zoraida está pensando que tiene AMOR por el zorro. ¿Cómo será besar al zorro y estar abrazada a él?

Sabe que es pequeña, pero que adentro tiene un amor de adulta. ¿Será culpa de ese bendito nombre que se empeñaron en ponerle antes de nacer?

Ella piensa hablarle y se pierde en esta imagen. Le dirá lo que tantos días ha planificado, está llena de duda y entonces se imagina cómo se siente estar en un aeropuerto y escuchar que la llamen por los parlantes a toda voz: ZORAIDA!!!!

Abre los ojos y qué desgracia! Su hermana la llama porque de la emoción de ver al zorro se orinó la cama que comparten.

domingo, 30 de agosto de 2009



Cuando Luis confundió los gases estomacales con la nostalgia.

Estamos almorzando. Mi hijo pide permiso para levantarse y lleva su plato a la cocina. Mi esposo y yo seguimos sentados en el comedor conversando. Cuando Luis regresa se sienta y tocándose las costillas me dice:
-Mamá, siento una nostalgia grandísima por aquí.
Lo miro y miro a mi esposo y sin poder aguantar más suelto una estrepitosa carcajada. Luis me mira como asustado y me pregunta qué le pasa. Yo entre risas le pregunto cómo es eso que siente una nostalgia entre las costillas.
Él muy serio se levanta y se acerca a mi silla, se levanta la camisa y me dice:
-Sí mami, es una nostalgia que me puya aquí, justo donde tengo el dedo y casi no puedo respirar cuando me da.
Imposible, no puedo dejar de reírme, así que para que no crea que me burlo de él lo abrazo y le doy besos entre risas y le digo:
-No hijo, eso no es nostalgia eso es un "peo" atravesado jajajajajaja

martes, 6 de enero de 2009

Cosas del baño y de mi hijo

Hoy estaba lavando el baño. Es una tarea que disfruto mucho porque me encanta entrar, ver todo limpiecito y con olor a desinfectante y ambientador. Así que todas las semanas lavo mi baño con esmero y si en algún momento de la semana tengo un chance lavo el lavamanos, la poceta y ordeno todo nuevamente. De hecho, he enseñado a mi hijo a que procure, después de cepillarse, limpiar con agua el lavamanos para que no deje rastro de pasta dental. Ya saben, se seca y da un aspecto de desaseo horrible. Aunque hay otro aspecto del uso del baño que Luis no domina bien, no pierdo la fe de que pronto termine por aprender: subir la tapa que bordea la poceta y orinar adentro. Cuando lo veo entrar al baño o escucho, desde el cuarto, que está orinando (porque es especilalista en dejar la puerta abierta) le grito: ¡Apunta bien! ¡No hagas como la regadera! ¡Si voy al baño y llego a ver gotas por allí vas a tener que lavarlo completo!
Sí, ya sé que ese chamo tardará años en darse cuenta de lo que yo le digo, pero ya varias veces ha tenido que lavar la poceta y limpiar el piso, así que como pone carita de asco cuando le toca hacerlo espero que aprenda pronto a apuntar bien.
Si lo vieran. Las veces que le ha tocado lavar el baño protesta mucho, busca mis guantes, gasta casi medio frasco de desinfectante y de cloro, por lo que he le pido que me llame cuando deba usarlo y yo le digo cuánto echar. Qué decir del agua si hasta moja las paredes, la cortina y deja el baño inundado, porque él intenta secarlo, pero siempre deja charquitos que luego debo ir a secar calladita para no desmotivarlo. Mi tarea consiste en felicitarlo y llamar a mi esposo con júbilo diciendo: ¡Ven a ver Michael! ¡Luis dejó esto impecable!
En algunas ocasiones, si está de ánimo, pasa del baño a su cuarto; lo ordena a su estilo medio desordenado, tiende el edredón y esconde ropas y juguetes debajo y luego saca el bate y se va a jugar pelota o simplemente me pregunta: ¿Mami... en qué más te puedo ayudar?
A veces lo miro y le doy gracias a Dios por haberme dado el honor de hacerme mamá y poder criar a Luis, aunque a veces también he llorado por no saber qué hacer y porque Dios no me dio un manual de instrucciones.