domingo, 22 de noviembre de 2009

Educando... mejor, respondiendo preguntas


- ¿Mamá, sabes una cosa?
- ¿Qué debo saber Luis?
- Tres de las niñas de mi salón ya tienen la menstruación. ¿Eso duele mami?
Silencio… traga saliva y piensa rápido una respuesta no traumática y real.
- ¿Hijo, tu has visto que a veces yo salgo corriendo porque me baja sangre y debo ir al baño urgente para no mancharme?
- Sí… ¿Eso es la menstruación?
- Sí, y cuando las niñas se comienzan a transformar en mujeres les baja sangre por la vagina. Eso indica que desde ese momento pueden quedar embarazadas. ¡ASÍ QUE TEN CUIDADO Y NI SE TE OCURRA INVENTAR A HACER COSAS SEXUALES CON ALGUNA NIÑA!!, porque ¡tú estás muy chiquito para eso!
- ¿Ah, y ellas entonces pueden tener hijos?
- Sí, no te recuerdas la noticia que estaban pasando el otro día por televisión. Ésa del niño que embarazó a su novia en Inglaterra. ¡Ve a ver muchacho!
- Mami y si yo tengo un hijo… ¿tú aceptarías un sobrinito aquí?
- Jajajajajajajaja… Qué sobrino y qué ochos cuartos Luis Eduardo, eso sería un nieto. ¡Ve a ver muchacho! Yo estoy muy joven para tener nietos y tú demasiado chiquito para pensar en esas cosas. ¡Cuídate! ¡Cuando seas un adulto sabes que debes usar condón! ¡Ah, bueno! ya yo te expliqué eso una vez Luis, no me salgas con vainas raras después.
Luis me mira con cara extraña y me pregunto si estaré siendo muy ruda. Entonces me pregunta:
- ¿Mami, cómo es el condón?
- Es una cosa de goma como el envoltorio de una salchicha que se ponen los hombres para no tener contacto con la vagina de la mujer y dejar la leche de la vida allí y no echarla adentro de la mujer. Así no la embarazan y ¡todos felices como unas perdices!
- Ay, sí mami, pero no entiendo, explícame mejor cómo es eso. Dónde lo compro.
- Bueno, Luis…!! Primero: lo compras en la farmacia. Los hay de colores, sabores, texturas diversas, con lubricación, sin lubricación…
- ¡CON SABORES MAMIIIIII!!! Y… ¿PARA QUÉ ES ESO?
Uy, tremendo lío en el que me metí, por qué se le ocurre llenarme de preguntas a esa hora, yo con sueño y sin mente para construir explicaciones sensatas.
- Bueno hijo, es que hay una cosa que se llama sexo oral. Otro día te explico mejor eso, pero el asunto es que a la novia o esposa le puede provocar jugar con el pene tuyo y si te has puesto el condón a ella le va a saber a uva o a fresa, según el sabor que hayas comprado.
Jajajajajajajaja, Dios, ¿qué puedo decir para no derramar agua?
- Ah, ya entiendo… y ¿Cómo es eso de la lubricación?
- ¡Luis, por favor, son las nueve de la noche y mañana tienes clase hijo!
- Anda mami, cuéntame. ¿Tú no eres mi mamá, pues?
- Bueno, ponte el pijama que ya vengo.
Fui a mi habitación y busqué un condón:
- Luis, ve… esto es un condón.
- ¿De verdad mami?
- Sí, vienen en empaques de distintos colores. Te explico. Tú lo compras y lo llevas cuando vas a salir con tu novia. Cuando vayan a hacer cositas lo cortas.
Trato de abrirlo por la pestaña punteada que indica que por allí se debe abrir y no puedo. No veo una tijera cerca y trato de abrirlo con las manos, a lo cavernícola, y tardo porque el empaque es durísimo. Entonces le digo a Luis:
- Bueno, tienes que practicar, porque dudo que en el hotel te pongan tijeras y esto es durísimo y no vas a tener a la novia esperando media hora a que lo abras. Vas a tener que practicar antes.
Luis y yo soltamos las carcajadas y termino de abrirlo con las manos. Lo saco del empaque y le digo:
- Esto es un condón Luis. Huélelo (se lo acerco a la nariz). Tócalo (se lo doy en la mano).
Luis me mira con asombro. Tiene los ojos del tamaño de un par de patillas.
- ¿Y cómo se pone mami?
Le digo que se pone en la cabeza del pene y se corre para atrás, pero él me ve como interplanetario. Así que trato de ponérmelo en la mano, pero no estira tanto. Paseo la mirada por sus cosas y veo una colonia de niños de forma alargada. La sostengo entre mis rodillas y se lo pongo mientras voy dándole las indicaciones.
- Se pone aquí, se lleva para atrás y se desliza hasta el final.
- ¿Cual final mami?
Me pongo la colonia como si fuera mi pene y le señalo con la mano:
- Hasta aquí Luis. Debe ponerse bien porque puede quedársele adentro de la cucharita a la muchacha y todo se puede complicar. Luego lo sacas de tu pene y lo echas en la papelera.
- ¡Ah, entiendo! Cuando yo sea grande y vaya a salir con mi novia, lo compro, me lo pongo y me visto y…
- JAJAJAJAJAJAJA… ¡NOOOOOO, Luis! ¡Por Dios hijo…! Eso lo haces en el momento que ya están enamorados en la cama, con el pene duro porque sino no sirve.
- ¿Mami y como yo voy a saber cómo ponérmelo?
- Cuando seas más grande, tengas una novia, comiences a tener lechita de la vida y a cambiar la voz (como si te hubieras tragado un pollo), así como el vecino cuando comenzó a hablar entre ronco y finito, debes practicar en tu cuarto. Me dices, vamos a la farmacia y compramos varios y en tu cuarto cierras la puerta y practicas.
Él se ríe y me mira con timidez.
- Y… mami… tú me vas a dejar practicar en mi cuarto.
- Sí, hijo. Eso es normal. Todos los seres humanos deben aprender a conocer su cuerpo. ¡Ahora arrópate y a dormir!
- Sí mami, pero guárdame el condón para cuando tenga 18 años.
- Luis, será para que se te pudra de aquí hasta allá.

Un cuento viejo que no es realmente un cuento



¡Zoraida, qué nombre de adulta para una niña tan menuda y flacucha!
Decirle que su nombre era árabe y que tenía un lindo significado no tenía sentido para ella. Lo único a lo que su nombre se le parecía era a la esposa del zorro de la caperucita roja y eso no la complacía para nada.
Zoraida… también podría ser la esposa del Zorro, el valiente enmascarado que veía en la tele. Ese sí le parecia mejor.
Era tan guapo el zorro.
Ella lo veía y sentía emoción.

Ella habla sola, mantiene una conversación con su posible zorro. Es como un ensayo, porque a veces le pasa que se queda muda cuando lo ve, no sabe qué decir, le tiemblan las piernas y le sudan las manos. Ella cree que eso es lo que llaman AMOR en la radionovela que escucha al mediodía.

Cuando piensa en eso, un monstruo se le despierta en el estómago. No son maripositas, efecto de los nervios, es un animal grande, horrendo que le produce un terremoto en la barriga.

¡AMOR!
Eso es peor que lo que le dice su mamá sobre el hecho de hablar sola por horas dando vueltas alrededor del recuadro del jardín. Le dice que los que hablan solos hablan con el diablo, ella se asusta un poco y le pide mentalmente a Dios que la proteja, que la cuide y que le aleje al diablo y sigue hablando más bajito para que el diablo no la escuche, sólo Dios sabe lo que dice mientras susurra una conversación ficticia con su Zorro.

Nunca ha entendido por qué le gusta tanto hablar sola. Quizá es porque nadie la comprende.

Total, el asunto aquí es que Zoraida está pensando que tiene AMOR por el zorro. ¿Cómo será besar al zorro y estar abrazada a él?

Sabe que es pequeña, pero que adentro tiene un amor de adulta. ¿Será culpa de ese bendito nombre que se empeñaron en ponerle antes de nacer?

Ella piensa hablarle y se pierde en esta imagen. Le dirá lo que tantos días ha planificado, está llena de duda y entonces se imagina cómo se siente estar en un aeropuerto y escuchar que la llamen por los parlantes a toda voz: ZORAIDA!!!!

Abre los ojos y qué desgracia! Su hermana la llama porque de la emoción de ver al zorro se orinó la cama que comparten.

domingo, 30 de agosto de 2009



Cuando Luis confundió los gases estomacales con la nostalgia.

Estamos almorzando. Mi hijo pide permiso para levantarse y lleva su plato a la cocina. Mi esposo y yo seguimos sentados en el comedor conversando. Cuando Luis regresa se sienta y tocándose las costillas me dice:
-Mamá, siento una nostalgia grandísima por aquí.
Lo miro y miro a mi esposo y sin poder aguantar más suelto una estrepitosa carcajada. Luis me mira como asustado y me pregunta qué le pasa. Yo entre risas le pregunto cómo es eso que siente una nostalgia entre las costillas.
Él muy serio se levanta y se acerca a mi silla, se levanta la camisa y me dice:
-Sí mami, es una nostalgia que me puya aquí, justo donde tengo el dedo y casi no puedo respirar cuando me da.
Imposible, no puedo dejar de reírme, así que para que no crea que me burlo de él lo abrazo y le doy besos entre risas y le digo:
-No hijo, eso no es nostalgia eso es un "peo" atravesado jajajajajaja

martes, 6 de enero de 2009

Cosas del baño y de mi hijo

Hoy estaba lavando el baño. Es una tarea que disfruto mucho porque me encanta entrar, ver todo limpiecito y con olor a desinfectante y ambientador. Así que todas las semanas lavo mi baño con esmero y si en algún momento de la semana tengo un chance lavo el lavamanos, la poceta y ordeno todo nuevamente. De hecho, he enseñado a mi hijo a que procure, después de cepillarse, limpiar con agua el lavamanos para que no deje rastro de pasta dental. Ya saben, se seca y da un aspecto de desaseo horrible. Aunque hay otro aspecto del uso del baño que Luis no domina bien, no pierdo la fe de que pronto termine por aprender: subir la tapa que bordea la poceta y orinar adentro. Cuando lo veo entrar al baño o escucho, desde el cuarto, que está orinando (porque es especilalista en dejar la puerta abierta) le grito: ¡Apunta bien! ¡No hagas como la regadera! ¡Si voy al baño y llego a ver gotas por allí vas a tener que lavarlo completo!
Sí, ya sé que ese chamo tardará años en darse cuenta de lo que yo le digo, pero ya varias veces ha tenido que lavar la poceta y limpiar el piso, así que como pone carita de asco cuando le toca hacerlo espero que aprenda pronto a apuntar bien.
Si lo vieran. Las veces que le ha tocado lavar el baño protesta mucho, busca mis guantes, gasta casi medio frasco de desinfectante y de cloro, por lo que he le pido que me llame cuando deba usarlo y yo le digo cuánto echar. Qué decir del agua si hasta moja las paredes, la cortina y deja el baño inundado, porque él intenta secarlo, pero siempre deja charquitos que luego debo ir a secar calladita para no desmotivarlo. Mi tarea consiste en felicitarlo y llamar a mi esposo con júbilo diciendo: ¡Ven a ver Michael! ¡Luis dejó esto impecable!
En algunas ocasiones, si está de ánimo, pasa del baño a su cuarto; lo ordena a su estilo medio desordenado, tiende el edredón y esconde ropas y juguetes debajo y luego saca el bate y se va a jugar pelota o simplemente me pregunta: ¿Mami... en qué más te puedo ayudar?
A veces lo miro y le doy gracias a Dios por haberme dado el honor de hacerme mamá y poder criar a Luis, aunque a veces también he llorado por no saber qué hacer y porque Dios no me dio un manual de instrucciones.

lunes, 5 de enero de 2009

Cómo San Nicolás se despidió de mi hijo


San Nicolás y el Niño Jesús, según la versión que le ofrecí a Luis Eduardo a lo largo de estos ocho años, entregaban regalos a todos los niños del mundo y se turnaban, Santa iba a unas casas y el Niño Jesús a otras.
- Mi (es una forma apocopada que muchas veces usa para decirme mami), cómo San Nicolás y el Niño Jesús saben qué es lo que yo quiero de regalo.
- Porque ellos lo ven todo hijo, ellos están anotando todas las cosas que los niños que se portan bien le piden a sus padres, ellos son como Dios.
- Mi, cómo va a entrar Santa si aquí no hay chimeneas.
- Eso no importa; si hay chimeneas él baja por allí, sino atraviesa las puertas y las ventanas como lo hace Dios y sino le pide el favor al Niño Jesús. Tú sabes... ellos dos son amigos.
- Mi, cómo ellos saben en dónde voy a dormir.
- Porque ya te he dicho, ellos lo ven todo.
- Mi, por qué me dejaron el regalo debajo de la cama.
- Porque tu tío Roberto estaba borrachito y en el sueño hablaba muy duro y el pobre Niño Jesús como es tan chiquito se asustó y no quiso caminar hasta el arbolito.
- ¡Viste mami! Me fui a casa de mi biológico y ese San Nicolás o el Niño Jesús me llevaron un barco rosado, como si yo fuera un "parchita". No voy a pasar más la navidad en casa de mi papá. Voy para el 31.
- Mami, a Andrés no le regalaron nada.
- ¡Ah hijo!, lo que pasa es que a veces no hay más regalos en el depósito y Santa visita, antes de noche buena, a los padres de los niños que se quedarán sin regalo, les pide dinerito y le preguntan en qué tienda deben comprarlo y si los padres tienen el sueño pesado, como la mamá y el papá de Andrés, a lo mejor no escuchan cuando Santa los viene a visitar. No ves que yo sí me levanto rapidito con el menor ruidito o cuando tú me llamas en la madrugada.
- Mami, mis amigos de las tareas dirigidas dicen que eso del Niño Jesús y San Nicolás es mentira, que son los padres los que ponen los regalos.
- No hijo, eso es que, a lo mejor, ellos son medio terribles en sus casas, se portan mal y entonces Santa le dice a los padres, alguna de las noches anteriores, que no le dejarán más regalos al niño. Es por eso que los papás -para que el niño no esté triste- le compran un regalito.

Luis Eduardo tiene ocho años, yo hubiese querido dejarlo cultivar la ilusión de San Nicolás y el Niño Jesús hasta que cumpliese 18 años. Bueno, tal vez hasta los once o doce, pero desde el año pasado comenzó a correrse, fuertemente, el rumor de que ni Santa ni el Niño Jesús existían, así que -aunque se me partía el corazón cada vez que mi esposo me preguntaba: "¿Qué vamos a hacer con lo de los regalos?" o me decía: "El niño va a pasar por estúpido en la escuela cuando diga que le trajeron los regalos"- comencé a introducir en su mentecita la idea de que a los ocho años es cuando San Nicolás y el Niño Jesús dejan de traer regalos; que quizá este año sería el último, pero que no se preocupara tanto que igual iba a tener un regalo de nosotros para él por el simple hecho de ser Navidad.
Entonces me pelaba los ojos y me decía sonriente: Mami, dime... qué me van a regalar.
- No sé hijo, un regalito, no muy grande, un detalle de navidad.
- Anda, mi, dime... no seas mala, viste como eres, después quieres que yo sí te cuente todo.
Obviamente, que esos chantajes me daban mucha gracia, pero igual no le decía y evitaba hablar más de la cuenta.
Después que recibió las vacaciones de Navidad Luis Eduardo preguntaba todos los días qué día era, contaba los que faltaban para el 24 y cada vez que ponía la mesa o arreglaba la cama sin que se lo pidiésemos decía:
- Viste que me estoy portando bien... ya estamos cerca del 24. Se frotaba las manos como cuando la gente tiene frío o ha apostado al caballo ganador.
Un día, le dije: debes portarte así todo el año, no sólo por estos días.
- Nooooo, mami... eso es para que me traigan regalo, nada más.
El 22, 23 y 24 fueron días desesperante cada una o dos horas preguntaba qué día era y parecía no entender que sería el 25 el día que vería los regalos. Ya no recuerdo el número de veces que debimos explicarle lo mismo.
El 24 estaba lleno de alegría, en la noche cenó y se quedó conversando hasta las 11:45 pm, hablaba de Perú, de Rusia, de China y de no sé cuantas cosas más. Nos buscó el Atlas y nos leía la moneda, la religión, el número de habitantes y otras características generales de cuanto país le preguntásemos. Cuando le dije que ya estaba cercana la media noche y pronto Santa y el Niño Jesús comenzarían a entregar regalos y si él no estaba dormido pasarían de largo salió corriendo y en menos de 10 minutos se cepilló los dientes, se puso la piyama y se había acostado. A diferencia de los días anteriores, en los que había tardado muchísimo en dormirse y pasaba horas leyendo la Guía Turística de Valentina Quintero y aprovechaba cada vez que pasaba frente a su cuarto para hacerme comentarios sobre lo lindo que es Venezuela, esa noche se durmió muy rápido.
A las doce estabamos muertos de cansancio, pero debía envolver el regalo de Santa, el de nosotros y el de mi esposo y mi esposo a su vez debía envolver mi regalo.
El regalo de Santa era una bolsa de boxeo, casi del tamaño de él, y unos guantes, así que después de envolverlo lo metí en el saco transparente que me dieron en la tienda y como se caía y no quería dejarlo tirado bajo el árbol de navidad lo dejé recostado de la pared en la que está la ventana que da a la calle, lo tapé con las cortinas para que fuera emocionante la búsqueda y le dejé sobre la mesa de centro la carta de San Nicolás. Era una carta que esa tarde Michael y yo habíamos escrito fechada el 24 de diciembre y con dirección del Polo Norte. Tenía una imagen central de San Nicolás con su saco lleno de juguetes y una explicación del porqué a partir de ese momento le dejaba su último obsequio y relegaba en padres y familiares la tarea de hacerle los regalos de navidad.
Yo me moría del sueño. Me cepillé y me acosté.
Al día siguiente me despertaron dos toquecitos leves en la puerta. Eran de Luis Eduardo y lo que me extrañó es que para ser 25 debía estar brincando de alegría y haberme llamado con un escándalo como es su costumbre.
- Qué pasó hijo. Le dije desde la cama todavía media dormida y extrañadísima.
Me dijo muy bajito: ¡Santa no me dejó nada!
- ¿No te dejó nada? ¿Estás seguro? Vuelve a buscar, ya me levanto y te ayudo.
Contenta de verle la cara que pondría cuando consiguiese el regalo me levanté rapidito y lo vi sentadito en su cuarto de juego con la cabeza hacia bajo y la carta de San Nicolás.
- ¿Qué te pasa hijo? Le pregunte con todo el amor del mundo al verlo tan triste.
Levantó la carita y miré sus ojitos rojitos y llenos de lágrimas. Me mostró la carta y con voz entrecortada me dijo:
- No va a venir más, mira, me dejó esta carta.
- Ve a buscar bien. Revisa debajo del mueble y por los costados.
- Mami... -me dijo mientras se secaba con rabia las lágrimas que le corrían por la cara- ya busqué, yo me paré a las siete y son las nueve mami ¿acaso no entiendes?
- ¿Y por qué no me levantaste antes?
- Porque me fui a llorar a mi cama y no te quise despertar tan temprano porque trabajaste mucho ayer haciendo comida.
¡Dios!, me provocó pegarme un tiro al ver la tristeza de mi hijo, sentir la pena de un niño llorando tal decepción durante dos horas y pensando en que tal vez la redacción de la carta había sido muy compleja para él. Llamé a Michael sin saber qué hacer y cuando se acercó a la habitación le dije que lo calmara y me diera chance a cepillarme.
Dejé la puerta abierta del baño y le dije mientras me lavaba la cara que ya iba a leer bien esa carta porque segurito ese San Nicolás se había equivocado de casa y de niño.
No sé qué pasó, pero Michael lo llevó de vuelta a la sala y desde el baño le oí gritar de felicidad. Vino corriendo y me repetía loquito de contento:
- Mamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.... sí me trajo un regalo grandote, ven para que lo veas.
Terminé como pude, no me pregunten qué tan limpios me quedaron los dientes esa mañana, y cuando llegué a la sala estaba rompiendo como podía el regalo.
Cuando le pregunté en dónde lo había encontrado me señaló detrás de las cortinas y me dijo:
- Ese San Nicolás es loco mami, me lo dejó aquí escondido -me señalaba con la mano el sitio- segurito andaba apurado.
- No Luis, tal vez es que se asustó por la cantidad de cohetes que estaban lanzando los muchachos, tú no oías porque estabas dormido, pero eso parecía una lluvia de truenos.
- Sí, a lo mejor, porque ve que lo dejó cerca de la ventana.
- Yo creo que se asustó, porque ¡mira que dejó hasta el saco...! Por eso es que yo creo que lo asustó los cohetes, no ves que tu regalo fue el último. Pobrecito, le debía pesar porque es bien grande.
- Sí, segurito que fue eso.
- ¡Te gusta esa bolsa de boxeo?
- Sí mami, él sabía exactamente lo que yo quería. Porque es exacto como yo te había dicho hace tiempo... ¿Te acuerdas?
- No hijo, no me acuerdo, pero qué bueno que te guste. Vamos ahora a buscar los regalos oficiales de navidad. Espera aquí.

¿AMIGOS?

Hace menos de un mes terminé mi último romance con el concepto amistad. Ya hace algunos años tuve despedidas, promesas de no volver a caer, pero yo insisto en que alguna vez voy a encontrar en mi ciudad, no un amor (que siempre Dios le reserva amores a uno para que hagamos gala de nuestro libre albeldrío), sino un(a), unos(as) amigos homólogos y sinónimos mío. De esos que serían capaz de estar conmigo aunque yo los saque a patadas de mi casa. De esos que van a estar en mis celebraciones cuando los invite y en mis desgracias sin haber abierto la boca para pedir ayuda.
A lo largo de mi vida he abandonado amigos y amigas que en un momento fueron especiales y de los que aprendí muchas cosas. De ellos aún recuerdo chistes y lecciones de vida puntuales que marcaron mi personalidad y visión de mundo, pero mi propio crecimiento me llevó a mirarlos con objetividad y terminé desechando su cercanía hasta que pasaron a ser simplemente "viejas amistades". De las razones por las que he desechado amigos puedo mencionar algunas como éstas:
- Por tratar de hacerse los graciosos con un grupo y tomarme como ejemplo de bromas absurdas y falsas sólo para que el resto del grupo se ría.
- Por haber mentido a otras personas sobre sus realidades económicas, profesionales, políticas... delante de mi.
- Por dárselas de brillantes o muy cultos cuando yo sé que no saben ni la o por lo redondo.
- Por haberme enterado que han hablado y juzgado mis problemas con otros.
- Por ser cobardes y no querer asumir sus responsabilidades con dignidad.
- Porque sus comentarios develan que son personas acomplejadas (por inferioridad o superioridad).
- Por reirse de los problemas y/o discapacidades de otros.
- Por golpear o maldecir a sus hijos.
- Por pedirme que haga algo, a mis ojos incorrecto, para privilegiarlos o que interceda por ellos ante otros.
- Por copiarse en los exámenes.
- Por acostarse con alguna amiga mía sólo por necesidad física y a sabiendas que esto la perjudicará moral y emocionalmente.
- Por usar su poder social y/o económico para conseguir beneficios.
- Por burlarse o maltratar de alguna forma a las prostitutas y a los homosexuales.
- Por graduarse y enmarcarse junto con el título.
- Por no ver las soluciones, para mi obvias, a sus problemas y amargarse la vida con mil quejas.
- Por contar tanto sus problemas que aburren, mutilan y pretender que los demás sean tan infelices como ellos.
- Por haber tenido un romance con su hermano y luego no poder ser del nuevamente su amiga.
- Por tener mal aliento y ser desaseados con su cuerpo.
- Por enamorarse de mi... por decírmelo y para colmo querer que los ame a juro. O peor, querer culparme de sus males.
- Por no tratarme igual delante de sus esposas u otras amistades.
- Por ser envidiosos y criticones.
- Por pedirme dinero y no pagármelo tal como lo prometieron o pedírmelo para solucionar falsos problemas y usarlo para darle un gusto a la novia o irse de viaje de placer.
- Por decirme: yo lo sabía..., pero jamás haberme aconsejado oportunamente.
- Porque los años pasan y dejaron de ser los seres humanos que admiraba.
Con una lista como la anterior es obvio que he tenido desaciertos escogiendo las amistades, pero no crean, ellos también las han tenido conmigo, pues, algunos creyeron que haría tal o cual cosa, que los acompañaría toda la vida o que me dejaría usar, mutilar o maltratar para ellos quedar bien o sentir que tenían una amiga perfecta. Ellos también tenían una imagen de amiga perfecta, solo que diferimos de modelos.
Total, total...!, como decía la canción del Show de Fantástico, tengo cinco amigas, vale decir con cara de asombro ¡¡¡WOW!!!
Ahora, la pregunta de las mil lochas... ¿Por qué decidí terminar con mi proyecto llamado amistad?
Porque hay momentos en la vida en los que vale reflexionar sobre la vida y lo que esperas de ella, más aún cuando te acercas a tu cumpleaños como lo estoy ahora, y analizando los hechos y lo que estoy dispuesta a dar por mis amigas y amigos, he decidido no gastar polvora en zamuro, porque no puedo intentar llenar sacos rotos con mi confianza y mi amor, porque caerán en el suelo y seguro que "sin intención" y "sin querer" serán pisoteados mis sentimientos y el día que espere algo de "mis amigos" sólo encontraré vacíos, porque ese saco estaba roto, porque no podían, porque nadie les avisó, porque sus parejas le dijeron que no fueran u otra babosada que suene a excusa.
Para mi es claro que esos amigos -de los que ya no seré amiga- me quieren, me estiman, pero no de la forma como yo los había idealizado, podría arriesgarme a decir que la culpa no es de ellos sino de mis preconcepciones sobre lo que es la amistad. No obstante, yo no estoy dispuesta a aceptar menos de lo que doy, pues, no es mi idea semejarme a Cristo y turnar la mejilla, pues terminaría con el rostro desfigurado.
De toda esta experiencia puedo decir que he aprendido que hay personas que ya tienen sus amistades completas y que no quieren o simplemente no pueden invertir tiempo en un amigo más, dado que sólo quieren tener conocidos o amistades de trabajo; que prefieren amigos de su propio sexo o simplemente no quieren tener una amiga como yo, jajajajajajajaja... porque eso de tener una mujer que le diga verdades que no quieren oír, que les intuya sus tristezas, que les haga ver sus debilidades y errores, que esté tan presente en sus vidas que es imposible negar su existencia y darle un lugar, que de vez en cuando les pegue un grito o los mande al psicólogo, que reclame su estatus de amiga, que esté pendiente de la salud de sus esposas e hijos, que esté dispuesta a llevarle un remedio a media noche si es necesario o enviarles a su marido, en caso de que ella no pueda ir, que además se acuerda de la fecha de su cumpleaños y los de toda su familia -con regalo incluido- requiere como dicen los especialistas de Inteligencia Emocional jajajajajajajaja ¡Cómo me río mientras escribo esto!
El asunto final es que me he aclarado mil cosas, en especial que no puedo censurar a nadie porque no busque lo mismo que yo; que igual se le puede querer, pero que no debemos empañar nuestra visión de realidad; que la amistad, como el amor, implica reciprocidad y que ésta es una condición necesaria e imprescindible para no sufrir y, por último, que me quedo con mis cinco amigas y si alguna o algún otro se quiere sumar a mi lista, porque insisto en encontrar un amigo que viva en mi ciudad, deberá demostrar que tiene la disposición para amar y dejarse amar sin muletas ni máscaras.