martes, 6 de enero de 2009

Cosas del baño y de mi hijo

Hoy estaba lavando el baño. Es una tarea que disfruto mucho porque me encanta entrar, ver todo limpiecito y con olor a desinfectante y ambientador. Así que todas las semanas lavo mi baño con esmero y si en algún momento de la semana tengo un chance lavo el lavamanos, la poceta y ordeno todo nuevamente. De hecho, he enseñado a mi hijo a que procure, después de cepillarse, limpiar con agua el lavamanos para que no deje rastro de pasta dental. Ya saben, se seca y da un aspecto de desaseo horrible. Aunque hay otro aspecto del uso del baño que Luis no domina bien, no pierdo la fe de que pronto termine por aprender: subir la tapa que bordea la poceta y orinar adentro. Cuando lo veo entrar al baño o escucho, desde el cuarto, que está orinando (porque es especilalista en dejar la puerta abierta) le grito: ¡Apunta bien! ¡No hagas como la regadera! ¡Si voy al baño y llego a ver gotas por allí vas a tener que lavarlo completo!
Sí, ya sé que ese chamo tardará años en darse cuenta de lo que yo le digo, pero ya varias veces ha tenido que lavar la poceta y limpiar el piso, así que como pone carita de asco cuando le toca hacerlo espero que aprenda pronto a apuntar bien.
Si lo vieran. Las veces que le ha tocado lavar el baño protesta mucho, busca mis guantes, gasta casi medio frasco de desinfectante y de cloro, por lo que he le pido que me llame cuando deba usarlo y yo le digo cuánto echar. Qué decir del agua si hasta moja las paredes, la cortina y deja el baño inundado, porque él intenta secarlo, pero siempre deja charquitos que luego debo ir a secar calladita para no desmotivarlo. Mi tarea consiste en felicitarlo y llamar a mi esposo con júbilo diciendo: ¡Ven a ver Michael! ¡Luis dejó esto impecable!
En algunas ocasiones, si está de ánimo, pasa del baño a su cuarto; lo ordena a su estilo medio desordenado, tiende el edredón y esconde ropas y juguetes debajo y luego saca el bate y se va a jugar pelota o simplemente me pregunta: ¿Mami... en qué más te puedo ayudar?
A veces lo miro y le doy gracias a Dios por haberme dado el honor de hacerme mamá y poder criar a Luis, aunque a veces también he llorado por no saber qué hacer y porque Dios no me dio un manual de instrucciones.

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